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THE FACULTIES OF SADNESS
Gustavo Abascal

Curaduría de Viviana Kuri

 
 

GUSTAVO ABASCAL: The Faculties of Sadness

(El síndrome de Stendhal)

Viviana Kuri

Gustavo Abascal produce con frenesí. Sus pinturas, casi siempre en formato pequeño, transitan de la melancolía a la furia,  a veces acompañadas por el desprecio al mundo y a veces por el desprecio a sí mismo. Habitante de un íntimo Renacimiento triste, Abascal inunda su geografía de tatuajes y de imágenes que narran, cada una en su pequeño espacio, historias de desasosiego y dolor. Historias casi siempre personales, situaciones cotidianas y encuentros con el pasado a los que seguido abandona a su fin, sentenciándolos a un encierro de apenas unos cuantos centímetros. En ocasiones, las historias son de otros, de los más ruines (Worst people than you), pero también, de quienes le han significado alguna influencia: como asiduo lector del género negro, siempre está presente Poe, además, la serie de Los filósofos le ha dado el texto a ciertas pinturas, y por supuesto, es constante en su temática la presencia de los síndromes psicopatológicos.

En  La tierra del dolor,  Alphonse Daudet quien padecía de sífilis, cuenta que destrozado por la enfermedad física, su bienestar emocional se encontraba disminuido y  pretendía ganar fuerza al relacionarse con sus otros yo: “con una sombra a mi lado camino más tranquilo, de la misma forma que camino mejor si voy junto a alguien.”  Así, Gustavo Abascal utiliza la burla como recurso paliativo e inventa y a veces adopta frases que le sirven de compañía. Los textos  determinan las obras, las cargan con un mensaje inequívoco y no dan lugar a otra interpretación: la condena es avasalladora, no hay para donde hacerse. El trazo de Abascal va enlazando con un orden anárquico y nos recuerda, imagen tras imagen, que la historia de los anhelos no empata con la historia del destino y que inevitablemente nos extraviamos en una permanente confusión.

Denuncia, explota la ironía, se doblega y enfurece; es habitante afligido de un mundo enfermo al que mira incrédulo sin entender como sigue girando. Gustavo Abascal hace un elogio de la locura en un intento lúcido por no sucumbir. En esta ocasión, a través de un montaje copioso en el que  destaca la serie de Los síndromes, nos hace cómplices y nos incita a padecer el síndrome de Stendhal: respiración agitada, vértigo y posibles alucinaciones que son provocadas por la acumulación de la “belleza” artística. (Recordemos que este padecimiento se asocia sobre todo con la contemplación de las obras del Renacimiento Italiano). Estoy cierta que el vértigo y el aliento entrecortado no serán causados por un “deleite espiritual”, me inclino por la confrontación, por las “facultades” o los talentos de la tristeza, como poderosos vehículos de delirio.

Dice Werner Wolff acerca de la “normalidad”: según el concepto estadístico de norma, una persona normal es aquella que está próxima a la tendencia de un grupo de individuos. Unos están un poco más cerca, otros un poco más lejos de la tendencia central que caracteriza el tipo medio. El peligro de este concepto es evidente si el hombre medio se conduce anormalmente…

…Según el punto de vista clínico, se llama anormal y se clasifica, diagnostica y trata por medios biológicos o psicológicos o por ambos, a la persona que ya no puede gobernar su propia vida o pone en peligro su ambiente…

De los síndromes: El de Cotard lo padecen quienes se creen muertos en vida, o quienes están convencidos de que alguna parte de su cuerpo ha muerto, que se está pudriendo y llegan a percibir olores fétidos.  Quienes dejan que enseres y desperdicios se amontonen y se abandonan descuidando hasta la higiene más elemental, sufren el síndrome de Diógenes; y cargan con el de Munchausen quienes se provocan síntomas para asumirse como enfermos a los que se debe aliviar a perpetuidad. El inventario sigue…

Contrasta la intensidad de la temática de Gustavo Abascal, con el nuevo soporte con el que ahora experimenta: porcelana trabajada mediante las técnicas tradicionales, que el artista ha seguido paso a paso.  La tormenta de imágenes y su caudal narrativo desembocan en la quietud de la pared de enfrente. Una sola pieza, una imagen sugerente. Poderosa.

 
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